Cuando se habla de calidad en un tubo de recolección de sangre, la conversación casi siempre gira en torno al resultado del paciente. Hay otra dimensión igual de importante que se discute menos: la seguridad del personal de salud que toma la muestra, manipula el tubo y lo transporta hasta el laboratorio.
Cada tubo de recolección al vacío es, en esencia, un contenedor cerrado de material biológico potencialmente infeccioso desde el momento en que se llena. Un sellado deficiente, un tapón que no cierra correctamente o un tubo que se fractura durante el manejo o la centrifugación son puntos de exposición directa a patógenos transmitidos por sangre para quien lo manipula.
El manejo de tubos de recolección como Residuos Peligrosos Biológico-Infecciosos (RPBI) está regulado por la NOM-087-SEMARNAT-SSA1-2002, que establece los requisitos para su clasificación, envasado, almacenamiento y disposición. A nivel de práctica de venopunción, estándares internacionales como las guías CLSI GP41 (Collection of Diagnostic Venous Blood Specimens) documentan las mejores prácticas para minimizar el riesgo de exposición durante la toma de muestra.
Si quieres compartir con tu equipo una guía de referencia sobre manejo seguro de tubos de recolección en la fase preanalítica, escríbenos y te la enviamos. También puedes conocer las especificaciones de seguridad de la línea de tubos de recolección de Atyde.
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